¿Qué es Propósito & Acción?


De poco sirve tener una IDEA si no la pones en PRÁCTICA. De nada sirve marcarte un OBJETIVO si no haces el TRABAJO que lo convierte en realidad. Pero lo más importante es tener clara tu META y trazar una hoja de ruta que se ajuste a tus NECESIDADES. Precisarás ORIENTACIÓN FORMATIVA para recorrer el camino, MOTIVACIÓN que te impulse hacia adelante y ASESORAMIENTO PERSONAL para sacar lo mejor de ti mismo.

Ese es el PROPÓSITO, pasemos ahora a la ACCIÓN.



Pensando en el propósito para pasar a la acción...
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14 octubre 2014

Cambiar de paradigma según Ken Robinson...

Hoy he dedicado un rato a revisar algunas de mis entradas en el blog anterior... Tengo que decir que en estos pocos años me he calmado un poco, jejejeje....

De las entradas muy antiguas (veranos 2011) que he leído, me ha gustado ésta que ahora os copio y pego aquí, en el blog actual, por si alguno quiere releerla o, incluso, leerla por vez primera.

Se titula Cambiar de paradigma...

Eso dice Ken Robinson en este video. Os recomiendo que lo veáis atentamente y reflexionéis sobre lo que dice... Por cierto, ¡qué rápido dibuja el tío que hace las ilustraciones! Tomad nota: esta es la velocidad adecuada para realizar el examen escrito en las 2 horas que nos dan para ello: La Civilización Grecolatina en 2 horas... ¿Qué querrán que les contemos en ese tiempo? ¿La gran síntesis de Grecia y Roma, la cuna de la Civilización occidental? Si fuéramos tan listos y capaces tendríamos una columna en El País [...]. Pero bueno, nosotros podemos con lo que nos echen. Por ganas no será...

Volviendo a Ken Robinson, entiendo que es más cómodo y fácil ser un agitador de conciencias que meterse a dar clase (y te deben pagar más...), pero no deja de ser necesario un planteamiento serio sobre qué hacemos en el aula, por qué lo hacemos y para qué... Mientras viene y no viene el cambio de paradigma en el sistema educativo (a este paso, algunos no lo veremos...), no estaría mal que cada uno hiciera su pequeño cambio de paradigma personal. Y es que el gran cambio de paradigma es precisamente ese, cambiarlo tú mismo y dejar de esperar que sean otros los que cambien lo que te rodea. Ya sé que no es fácil, que los alumnos están cada vez más difíciles, que la Administración nos vuelve locos con tantos planes de esto y aquello que no van al meollo de la cuestión (aquí puedo yo ponerme a contar batallitas que ni Lidia Lozano con lo de Ylenia, pero no es plan...), etc.

Está subtitulado, así que el mensaje hay que leerlo, pero los dibujos están muy bien y son bien bonitos e ilustrativos. Llevo un par de años viendo y leyendo cosas de Sir Ken Robinson y, aunque a veces da la sensación de buscar más la risa en sus oyentes que la reflexión, siempre logra que me ría un poco y piense más, sobre todo esto último que es lo que prefiero. Y es que, por mucho que nos queramos engañar los profesores (pasados, presentes y futuros), tantas veces tenemos la sensación en el aula de que hay algo que no termina de funcionar... Buen momento para entrar en la profesión si eres joven (que lo somos) y tienes ganas de hacer cosas nuevas (que las tenemos). Pero nuevas de verdad, de las que todavía no están inventadas, de las que inventas tú en el aula para dar respuesta a tus alumnos. Y si tienes paciencia, claro está... No me refiero a las TICs, que algunos les tienen más fe que a la Virgen de Fátima. A veces pienso que las TICs (ordenadores, pizarras digitales, etc.) son la maquina de escribir del siglo XXI... No se va a cambiar de paradigma educativo con una maquinita ultramoderna y alienante... ¿Nadie habla de lo alienante que son las TICs para los alumnos? ¡Oh...! Y vaya también por delante que no estoy en contra de ellas (para muestra este blog, sólo digo que no es la solución a nuestros problemas).

Como os he dicho muchas veces, el aula es en realidad un laboratorio donde, a fuerza de experimentar y equivocarse, uno termina haciéndose profesor. ¿Qué mejor fase de prácticas que esa? La fase de prácticas como funcionario suele durar un curso, pero la fase de prácticas como profesor no acaba nunca... Cada año es diferente, cada grupo distinto y cada alumno un mundo... Y uno que también va cambiando. Así que pasan los cursos y sigues encontrándote retos nuevos (a veces el reto eres tú mismo para ti y/o para los demás). Dicen que con los años aumenta la experiencia, lo cual es algo bastante obvio (premio para el que lo pensó por vez primera), pero yo no dejo de asistir atónito a cambios constantes en los centros educativos y en la sociedad para los que mi "experiencia" no me es muy útil. A veces, los triunfos del pasado suponen un lastre para los retos del presente.

De este modo, yo creo que llegaré a ser un gran profesor cuando me jubile (al paso que vamos a mi me tocará hacerlo con 72 años). Y como lo realmente importante es, a final de cuentas, lo que uno hace con sus alumnos en el aula y lo que estos reciben de ti, el espejo en que tú te conviertes para ellos, en muchas ocasiones los grados de experiencia son "manchas" en el espejo que distorsionan lo que el alumno ve en él. Yo conozco espejos con cornucopias doradas que no reflejan nada ya. Yo mismo he tenido algunas manchas feas este curso (pido perdón...).

Partiendo de la base que el conocimiento tiene que ser el pilar fundamental alrededor del cual gravite todo lo que hacemos en el aula, muy a menudo me pregunto: ¿Qué puedo yo enseñar de verdad a estos niños? La respuesta que se me evidencia siempre por estas fechas no tiene nombre ni de asignatura, ni siquiera de competencia (que no, que no, que tampoco es eso...). Se enseña lo intangible. Y si enseñas eso, todo lo demás le será dado al alumno por añadidura (¿Quién dijo esto?). Si tuviera que hacer una lista de las mejores cosas que he enseñado a mis alumnos a lo largo de mi carrera como docente, éstas serían la ilusión por mejorar, la necesidad de hacer las cosas por ti mismo aunque te equivoques, lo útil del error, lo que curan y aplanan el camino unas risas, lo importante de ser tú mismo en cada cosa que hagas, la urgencia de ser auténtico para pasar de copista a artista creador... ¡La creatividad! me quedo con la creatividad. Lo mejor que yo he podido enseñar a mis alumnos es a ser creativos, a imaginar, a disfrutar con las cosas raras de la mente de cada uno, a creer en ellas, a darle forma a una idea y presentarla bien bonita y limpia, compartirla con los demás... Y a hablar con sinceridad, desde el corazón, y a escribir cada vez un poquito mejor, y a ser críticos... También he enseñado a muchos alumnos a hacerse preguntas sobre todo lo que les rodean para no comulgar con ruedas de molino... (Esto último es urgente, pues a este paso nos van a tener que poner un par de corchetes Herbet en cada comisura labial).

Por supuesto, también enseñé Historia, Geografía, Historia del Arte, y no mal... (ahí queda eso).

Mi propuesta para el cambio de paradigma: primar lo intangible en la educación.

Pues eso, a cambiar de paradigma (y yo añado: cada vez que la cosa no funcione, es decir, muy a menudo).

Mientras tanto, nosotros a lo nuestro: a estudiar y prepararnos...

 


Así decía y así escribí el 6 de julio de 2011... ¡¡¡Qué de cosas han pasado desde entonces!!! Parece que nos separa de entonces un siglo y apenas son tres años... ¡¡¡Pero qué tres años!!


05 septiembre 2013

Tiempos Difíciles, pero no los de Dickens...

Esta entrada, escrita en el antiguo blog el 19 de agosto de 2012, me hace sentir bien cada vez que la releo... No me parece mal hacer una selección de mis entradas favoritas del antiguo blog y pasarlas a este nuevo... Comienzo con ésta tan mona...

No sé cómo ha terminado ocurriendo todo esto. No me lo explico, la verdad... Pero aquí me veo.

Tras una infancia en la que tuve que superar lo que ahora se denomina "problemas de aprendizaje", años más tarde, como adolescente, cualquier cosa que dijera no era tomada en serio por los que me rodeaban (con la excepción de algunos amigos a los que les ocurría lo mismo...). Quizás fui, a los ojos de otros, una especie de "friki" a los 15 años... Aunque, tras varios años de vida vivida por fin, viendo el camino recorrido por unos y otros, no sé si era yo el que tenía razón... En definitiva, me alegro de haber sido así. Otra cosa no, pero siempre he sido fiel a mi mismo y a "mis cosas".

En la Universidad empecé a entonarme, buscándome a mi mismo. Esa es la gran licenciatura, la que más créditos tiene... Pero no nos vamos a engañar, no era yo lo que podríamos decir un universitario ejemplar, ni siquiera uno al uso... Y es que me ha costado parirme como persona...

Con mi título bajo el brazo me lancé a picotear aquí y allí intentando darle sentido a unos estudios que parecían no servir para nada práctico: buscaba arreglar el mundo, ganar dinero; poca cosa en realidad... Salí de casa con mi juego de maletas (nunca he logrado ir ligero de equipaje) dispuesto a... ¡¡¡conquistar el mundo!!! Pobre de mi...

Y así lo intenté en Sevilla y en varias ciudades de España, y también fuera del país. Todas y cada una de estas experiencias fueron más gratificantes al recordarlas pasados los años que en el justo momento de vivirlas (mi propensión al melodrama), aunque, para qué negarlo, no todo fueron sinsabores... Trabajé para algunos gilipollas y, también, para algunas personas muy interesantes. Hice cosas que me aportaron satisfacciones y otras que mejor olvidar (lo dejo para cuando escriba mis memorias). Al fin y al cabo, todo fue útil para estar hoy aquí y ser quién, finalmente o de momento, soy. Y todo ha sido necesario para ubicarme en el sitio del mundo en el que quiero estar. Pero eso sólo lo comprendo ahora, a posteriori… Es lo que tiene ir cumpliendo años.

Y todo esto… ¿Para qué? No lo sé… Sólo sé que llegó un momento en que la cosa se puso de tal modo que no tuve más remedio que sentarme y mirarme al espejo. Mirarme al alma a través de los ojos y hablar conmigo sin mentiras, distracciones ni vaguedades. No ocurrió esto una tarde de otoño en la que el viento hacía temblar los álamos junto a la ventana de mi estudio y en la que sus hojas sin vida se mecían hasta alfombrar la tierra, dejando a mi vista sus ramas desnudas… No, lo siento… No se trató de un telefilm de 1 hora y 35 minutos de duración. ¡Ya lo hubiera querido yo!

Fue todo más largo y, quizás, más doloroso. De todo lo que sentí, lo que más recuerdo fue la sensación de vértigo. Un vértigo vital… En realidad, era como si llevara tiempo caminando en precario equilibrio sobre un fino alambre tendido entre los dos extremos inalcanzables de un abismo infinito. Así de adjetivado me sentí entonces. Y todavía recuerdo esa sensación de vez en cuando, curiosamente, con la misma intensidad. Siempre se presenta cuando es necesario avanzar un poco más, cuando lo caduco empieza a oler, cuando la vida sólo es sobrevivida… Entonces, aparece el recuerdo del vértigo sin permiso en mi puerta, llama al timbre del presente y me dice, mirándome con ironía y algo de exasperación: “Pero… ¿es que no has aprendido nada todavía, joío?” Si, es un vertigo vital bastante malhablado...

Con el paso del tiempo y la suma de experiencias, soy consciente de que ese período significó el primer paso hacia la madurez personal. Aunque yo me creía maduro desde hacía muchos años ya… Ese es el más claro síntoma de la desubicación personal y de la inmadurez: creerse maduro, completo, hecho… En cambio, hoy, ya sé que uno está madurando hasta que se muere. Todo lo vivido con anterioridad al vértigo vital fue una prolongación de la adolescencia a la que los años le fueron añadiendo más libertad, más independencia, más posibilidades, más recursos… Pero aún no era yo el que mandaba en mi vida. No era yo el capitán de mi barco…


Era, más bien, como suelo decir a menudo, un corcho sin rumbo en la mitad del océano que la marea lleva de aquí a allá… Nada dependía de mi y todo estaba en manos de no sabía qué… No era un hombre entonces, aunque no era consciente de ello. Y no lo era porque me faltaba lo esencial para serlo: la libertad. Me refiero, obviamente, a la libertad de decisión y de acción… No tenía quién me prohibiera nada… Era mayor de edad, más o menos independiente… Entonces, ¿quién coaccionaba mi libertad? Era yo el que lo hacía…

Lo primero que hice, en ese período de profunda reflexión (yo lo llamo “mi limpieza general”), fue establecer claramente qué objetivos vitales eran irrenunciables y cuáles estaban lastrando mis pasos… Los simplifiqué al máximo hasta quedarme con un par de ellos o tres, irrenunciables, ya digo, pero en los que, a su debido tiempo, se podrían ir “injertando” otros tantos… Objetivos por los que merecía la pena luchar y sacrificarse. Los había personales, profesionales e, incluso, lo que algunos llamarían “espirituales”. Y todos ellos eran, en realidad, extremidades de lo que yo quería ser y todavía no había logrado. O, ahora lo entiendo bien, aspectos de mi mismo que pugnaban por salir y que, secuestrados como estaban, me impedían ser yo mismo.

Tengo que decir que siempre he entendido el sacrificio personal como algo bueno intrínsecamente… Cosas de haber nacido unos años antes de estos tiempos, donde la gente quiere salir indemne de todo. La ecuación para mí resultó sencilla: si lo que quieres hacer es importante de verdad para ti, la motivación del logro hace más liviano el sacrificio… Y el sacrificio en sí mismo es, en realidad, parte del objetivo por lograr.

No voy a contaros los momentos duros, que los hubo, ni siquiera los momentos buenos… Sólo quiero deciros que, a partir de entonces, fui tomando el mando del barco y éste fue dirigiéndose a dónde yo decidía… A veces el viaje ha sido largo y con parones: otras veces, el trayecto ha resultado cómodo y rápido. Pero, el balance general me permite decir hoy que soy libre para decidir lo que quiero en mi vida. Moldeo mi vida día a día, fuera de imposiciones constantes externas, y sorteo los obstáculos que en el camino me voy encontrando (la vida es un sendero con curvas, desniveles y piedras imprevistas, y no “un cielo cuajado de estrellas con nubes de purpurina”, como diría la canción). Pero todo empezó entonces, haciendo equilibrios sobre el alambre, con el corazón encogido por el vértigo vital… Colocado en la vida contra la espada y la pared… Ahora veo todo eso, a toro pasado, como un gran favor que me hizo la vida.

Por esto decía al principio de la entrada que no sabía como había pasado de ser un "niño que todo lo cambia de sitio en su mente", un “bicho raro” de 15 años, un universitario excéntrico, un joven perdido en busca de su sitio en el mundo, a ser alguien al que, a menudo, alumnos y opositores, gente en general que busca luz en su camino, le sueltan la pregunta del millón: ¿Qué hago con mi vida?

Los momentos que estamos viviendo son, para muchos, tiempos difíciles, llenos de incertidumbres, miedos y desesperanza. El vértigo empieza a asomarse al pretil para muchos de vosotros… Es normal: estáis madurando. Vivimos en un mundo cambiante en el que todo sucede vertiginosamente y parece que no vamos a poder adaptarnos a él. Sentimos a menudo que se nos escapa el tren… Y eso no es así… No somos nosotros los que tenemos que subirnos a un tren que pasa por delante de nuestras narices a toda velocidad (algunos todavía dicen aquello de: “este es un tren que pasa una sola vez en la vida”)… Eso es un error de concepción.

El tren somos nosotros. Cada uno es un tren que hay que poner en marcha… Somos, en realidad, un AVE limpio y rápido, elegante y decidido, eficaz y puntual… Pero hay que ser consciente de ello, trazar la ruta y ponernos en marcha. Al principio, cuesta arrancar el tren, las ruedas rozan las vías y éste se mueve muy despacio… Pero, poco a poco, vamos ganando en velocidad y seguridad, desafiando al viento… Una línea de vida que cruza el horizonte, llena de historias de un sitio a otro, nunca quieta, siempre cambiante…

No importa lo que decidáis hacer. Da igual si os vais a otra ciudad o a otro país. No podéis huir de vosotros. Las oportunidades no están fuera... Están dentro de cada uno. Todos tenemos la oportunidad de conseguir nuestros objetivos; es algo consustancial al ser humano libre. Lo que tenéis que hacer es poner la máquina a punto y decidir el rumbo que vais a tomar. Debéis elegir entre sobrevivir y vivir. Por supuesto que hay que comer todos los días… Doy por sentado que a menudo hay que trabajar en algo que no es lo que tienes en mente… Pero que ese no sea vuestro objetivo principal. La vida es otra cosa… Debe ser otra cosa para el hombre que ha conquistado su libertad. Si, la libertad hay que conquistarla de un modo u otro… En este mundo no regalan nada y mucho menos la condición de hombre libre... Esa conquista no se hereda del pasado...

En estos meses en los que los países del sur de Europa que no hicieron su Revolución Industrial cuando tocaba no están teniendo más remedio que ponerse al día de forma acelarada por indicaciones de sus vecinos plenamente industrializados y, por tanto, adaptados a la economía global, la sucesión de cambios y requerimientos nos están dejando en un estado de shock continuo. Todos estamos descolocados y algunos quieren utilizar nuestro descoloque a su favor y beneficio. Así, se acercan días en España donde un tsunami de mareas multicolores va a inundar nuestra cotidianeidad. Todos y cada uno de ellas con reivindicaciones justas y a las que todos nos podríamos adherir sin ningún tipo de problema. Los auténticos objetivos de la mayoría de estas mareas son, lamentablemente, inconfesables… Y cuando el tsunami pase y las olas de la marea vuelvan a su ser, dejarán en la playa muchas conchas huérfanas que el envite continuo del agua convertirán en arena y que el viento dispersará por aquí y allá. Todo pasará y nada cambiará realmente, pues las mareas no vienen para cambiar el mar… En ese mar revuelto de mareas plenas de color hay pescadores profesionales que están echando sus redes… ¡Cuidado!

Resulta curioso ver cómo estos pescadores del descontento popular organizan su captura en las redes sociales virtuales, siendo imposible conocer la identidad real de los impulsores de la campaña. ¿Qué hay que ocultar? Perfiles creados hace 15 días en los que no consta ni nombre y apellidos, ni datos fiables, ni foto real del sujeto, ni hechos cotidianos (charlas con amigos, felicitaciones, asuntos a compartir) están detrás de muchas de estas iniciativas. Nunca hubo gente tan llenas de vida y tan muertas al mismo tiempo. Yo los llamo los zombies de la red. Muertos vivientes sin lápida que los identifique... Cuando convenga, desaparecerán sin duda, pero cuántos habrán picado el anzuelo y estarán atrapados en la red…

La necesidad de muchos de identificarse con la masa anónima de las redes sociales y sus múltiples eventos y plataformas o movilizaciones no es otra cosa que un modo de suplir el vacío que esta situación especial que estamos viviendo nos hace experimentar… No es otra cosa que el vértigo vital del que antes hablé. Ante el "fin de los tiempos" que vivimos, todos necesitamos hacer algo, aunque no sabemos bien el qué. Y entonces aparecen los zombies de la red con su "Thriller" jacksoniano contagioso y muchos se ponen a bailar al ritmo que les marquen. No tengo la capacidad de adivinar el futuro, pero intuyo que tras unas cuantas semanas de mucho ruido, va a quedar constancia de que, en realidad, hay pocas nueces… Tras la performance-pop que se nos anuncia, las mareas volverán al mar al que pertenecen y me temo que quedará un vacío grande en el alma de muchas de las conchas abandonadas en la orilla a su suerte… Las mareas necesitan a las conchas para que las olas, al romper, hagan más ruido y dejen huella física de cuál ha sido su alcance. Pero, luego, las olas vuelven al mar y ahí se queda todo.

Muy bien… Ésta es una experiencia que debéis pasar. Pero, después, la marea se confundirá con el mar, los zombies virtuales volveran a sus nichos y, sorprendentemente, la vida seguirá y la realidad se impondrá dura y contundente. Y otra vez os preguntaréis: ¿Qué hago?


Pasan los días, los meses y los años… ¿Cuándo vais a tomar el rumbo de vuestro barco para hacer el viaje de vuestra vida? ¿Cuándo vais a poner en marcha el AVE que sois y empezaréis a recorrer un itinerario diseñado por vosotros? ¿No os dais cuenta de que, sobre la vida de uno, sólo es uno mismo el que tiene la capacidad de decisión y dirección?

Hay gente que se pierde por caminos equivocados demasiado tiempo y gasta su vida en ello. Son caminos sin salida o caminos de peaje o caminos plagados de trampas. Caminos que distraen de lo importante. Otros trazan una ruta y, con fuerza y decisión, pilotan la nave hacia el futuro que están construyendo a medida que se acercan a su destino. Cada cual es dueño de su vida y todos somos dueños de nuestros errores y aciertos. Pero la hoja de ruta sólo es posible si es personalizada, hecha a la medida de los objetivos personales. Y, por supuesto, es posible coincidir con otros en el mismo camino y compartir pasos cogidos del brazo… No estamos solos y, acompañados, el viaje es más placentero.

¿Qué hago? Me preguntáis a menudo… Yo no puedo ni debo decir lo que debéis hacer. Pero si puedo compartir lo que a mi me sirvió para tomar esa decisión…

Mírate al espejo hasta que te duela y pregúntate quién eres de verdad y qué necesitas hacer para serlo al 100%. Párete sin epidural. Párete a ti mismo de una vez... No tengas miedo… Hacer eso es lo natural. El resto de los caminos son falsos y artificiales, poco apropiados para la verdadera naturaleza del hombre. Por ello, los hombres y mujeres perdidos y desorientados no son felices y no son dueños de su destino… Deambulan de aquí a allá, buscando un camino andado por otros, probado por otro, garantizado por otro… Queriendo huir del miedo como si eso fuera posible. Del miedo no se puede huir; al miedo hay que vencerlo.

Mírate en el espejo y conócete. Luego, se fiel a ti mismo y defiéndete como si de un hijo propio se tratara. No te enredes en el retortero de los laberintos que a ningún sitio te llevan. No malgastes tu vida en aquello que no te aúpe y no te aproxime a la libertad. La autentica libertad del hombre es ser dueño de si mismo y su destino. Sólo merece la pena la vida cuando recorremos ese camino.

Tiempos difíciles, pero no los de Dickens…